Devocional diario

Eres un milagro

“Porque nada hay imposible para Dios.”
Lucas 1:37
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Hay días en los que miramos nuestra vida y pensamos que todavía nos falta demasiado.

Nos comparamos. Vemos a otras personas avanzar, conseguir cosas, cumplir sueños y pareciera que nosotros vamos más lento. Entonces comenzamos a pensar: “A mí nunca me va a pasar”, “ya es demasiado tarde”, “esto no tiene solución” o “yo no soy capaz”.

Pero hoy quiero que detengas por un momento esos pensamientos.

Mira todo lo que has atravesado para llegar hasta aquí.

Quizás hubo momentos en los que pensaste que no ibas a salir adelante. Días en los que lloraste en silencio. Situaciones que te rompieron el corazón. Problemas económicos, decepciones, pérdidas, enfermedades, errores que todavía recuerdas o decisiones que te hubiera gustado tomar de otra manera.

Y aquí estás.

Tal vez no tienes la vida que imaginabas. Tal vez todavía hay cosas por resolver. Pero sigues aquí, respirando, aprendiendo, intentando, amando, levantándote.

Eso también habla de la fidelidad de Dios.

Cuando el ángel le dijo a María que tendría un hijo, humanamente parecía imposible. Era una situación que ella no podía explicar ni controlar. Pero Dios estaba haciendo algo que iba mucho más allá de lo que María podía comprender.

Por eso Lucas 1:37 nos recuerda: “Porque nada hay imposible para Dios.”

Esta palabra no significa que Dios va a concedernos absolutamente todo lo que queremos. Significa que nuestras limitaciones no son las limitaciones de Dios.

Quizás tú estás mirando una situación y diciendo: “No hay salida”.

Dios puede abrir un camino.

Quizás piensas: “No puedo empezar otra vez”.

Dios puede darte fuerzas para comenzar.

Quizás llevas mucho tiempo sintiéndote roto por dentro.

Dios puede comenzar un proceso de restauración en tu vida.

Y quizás estás esperando un milagro que todavía no llega. No quiero decirte que mañana todo cambiará mágicamente. Pero sí quiero recordarte que tu historia todavía no terminó.

Hay cosas que Dios hace de maneras que no esperamos. A veces el milagro es una puerta que se abre. Otras veces es la fuerza para seguir tocando puertas. A veces es una sanidad. Otras veces es aprender a vivir con esperanza mientras esperamos.

Y hay un milagro que muchas veces olvidamos: que Dios todavía está trabajando en nosotros.

No eres un producto terminado. Estás creciendo, aprendiendo, cambiando.

No dejes que un capítulo difícil te haga creer que toda tu historia será así.

No dejes que un error te convenza de que ya no tienes futuro.

No dejes que lo imposible que tienes delante te haga olvidar quién camina contigo.

Levanta la cabeza.

Todavía hay vida.

Todavía hay propósito.

Todavía hay caminos que no has recorrido.

Y mientras Dios siga escribiendo contigo, todavía pueden suceder cosas que hoy ni siquiera eres capaz de imaginar.

Señor, hoy quiero darte gracias por mi vida.

A veces me olvido de lo lejos que he llegado. Me concentro tanto en lo que me falta que dejo de agradecer por todo lo que ya me has permitido vivir.

Gracias por haberme sostenido en esos momentos en los que pensé que no podía más. Gracias por las veces que lloré y aun así encontré fuerzas para levantarme al día siguiente. Gracias por las puertas que abriste y también por aquellas que cerraste aunque en ese momento no entendiera por qué.

Hoy pongo delante de ti aquello que todavía me parece imposible.

Tú sabes qué situación me preocupa. Sabes qué sueño tengo guardado en el corazón y qué respuesta llevo tiempo esperando.

Yo no sé cómo resolverlo, pero tú sí.

Dame fe para no rendirme demasiado pronto. Dame paciencia para esperar cuando sea necesario y valentía para actuar cuando llegue el momento.

Cuando vuelva a decir “no puedo”, recuérdame que contigo puedo dar un paso más.

Cuando piense que es demasiado tarde, recuérdame que tú no trabajas con mis límites ni con mis tiempos.

Y cuando me compare con los demás, ay

Escrito por yeyo elim